La Iglesia debe ser Misionera, No politiquera

La respuesta del obispo Silvio Báez -hasta ahora Auxiliar de Managua- al ser sorprendido in fraganti vía audios, exponiendo ideas para la conspiración violenta en contra del Gobierno Constitucional de Nicaragua, lo retrata de cuerpo entero: Es un hábil manipulador de la Fe, que prioriza la politiquería odiosa por sobre la misión pastoral evangelizadora. Esta reprochable actitud del religioso Carmelita es muy grave y en Roma ya están encendidas las alarmas.

La política es un arte que, desde hace siglos, se practica de forma impecable en la Curia vaticana. Coincidente con este sabio precepto el gobierno del Presidente Daniel Ortega, nunca interfirió -ni interfiere- en las labores pastorales de los obispos Nicaragüenses, quienes estaban en sus planes de evangelización y con cierto silencio público sobre las materias temporales o de clara índole política. Algunos dedicados a las cuestiones propias de las administraciones Parroquiales y, en particular a las acciones sociales, que es lo que caracteriza y pide el Papa Francisco desde el comienzo de su pontificado.

En ese apacible ambiente estaba la jerarquía Católica de Nicaragua, hasta cuando llega a Managua el obispo Silvio Báez como Auxiliar del Cardenal Leopoldo Brenes. Al poco andar el nuevo obispo empieza a alentar un proselitismo político en sintonía con los sectores de la derecha más extrema del mosaico opositor al Gobierno. No se detiene ante el radicalismo de la Alianza Cívica y, monseñor, se empeña en una agenda  trampa contra el Presidente y su Gobierno, actualizando lo peor de la politiquería intransigente: Aceptar el diálogo para después promover protestas violentas y tomas ilegales de recintos universitarios, llegando al extremo de defender y “bendecir” los llamados “Tranques de la Muerte” en que se secuestró a la población, llegando incluso a practicar en esos recintos “tomados por mercenarios”;  la violación, la tortura y el asesinato de civiles y policías.

Hoy, es claro para toda persona que vivió y sufrió ese intento de Golpe de Estado, que la jerarquía de la Iglesia no solo calló ante los odiosos “Tranques de la Muerte”, sino que hasta hace poco el obispo Báez amenazaba con “reponerlos si era necesario para presionar más al Gobierno”. La gravedad de lo que se ha conocido sobre las nuevas maniobras políticas de este religioso es de la máxima gravedad. Porque contradice en los hechos lo que el propio Santo Padre pide a todos los obispos; tratar de no intervenir directamente en la política contingente de los países. Siempre buscar caminos de entendimiento y con clara instrucción de que estos sean no violentos. Lo que ha hecho el obispo Carmelita es todo lo contrario. Esta actitud proselitista e ideologizada, ahora se demuestra en forma irrefutable en los audios ya conocidos en todo el país y que también están disponibles en el Vaticano y en la Curia General de los Padres Carmelitas Descalzos.

Estos dramáticos episodios en que está envuelto don Silvio, ha hecho que en Roma salten las alarmas y en Nicaragua algunos obispos comienzan a inquietarse, en vísperas de un proceso de renovación de cargos en la Conferencia Episcopal y con la visita ad portas del Papa Francisco a la vecina Panamá. También preocupa en altas esferas eclesiásticas  el tema de las responsabilidades jurídicas  en el génesis de la violencia, el caos y el odio que dejó la asonada golpista derechista que azotó al país desde el pasado 19 de abril.

A estas alturas, lo que está en juego, sin duda, es la credibilidad de la Iglesia. Porque una cosa es pretender salirse del carril de la política, tender puentes con la derecha violenta y marcar distancias con sectores política y sociológicamente amantes de la paz. Y, otra, es promover y tolerar intentos de Golpe. Bajo esta praxis promovida por Báez y asistido por algunos prelados y clero, basta  ver cómo se deslegitima la función histórica y social de la Iglesia en la sociedad Nicaragüense, y como se debilitan las posibilidades reales de ejercer su misión creíble en medio de la grey sea esta católica o no.

Con razón laicos y laicas de Managua están pidiendo que Silvio Báez tenga una nueva destinación, es mucho el daño y desunión causado por este líder político que no encuentra, al parecer, su verdadera vocación que sí ejercía bien en la Universidad Teresianum de Roma.  Asimismo, es esperanzador el nuevo aire que se respira a raíz del intento de un pequeño grupo de seguidores del Obispo Carmelita de usar este domingo la Catedral de Managua como alta voz para sus mezquinos intereses políticos. Fue claro y coherente el Padre Luis Herrera; Rector del principal Templo católico al señalar: “Los templos son para Orar y no para hacer protestas”. En esta misma línea se pronunció, públicamente, el Cardenal Arzobispo de Managua al señalar: “Los templos no son lugares políticos, ni para hacer política, ya que la Eucaristía es algo muy sagrado”.

Tal como lo dijimos y alertamos en un análisis político-eclesial de agosto recién pasado titulado: ¿Los Obispos de Nicaragua en actitudes ad finem? Hoy, nos parece que,  tanto la escalada violenta de intento de Golpe por parte de la oposición oligarca, como actitudes políticas inaceptables del Obispo Báez y otros, deben llegar a su fin.

Ya el mundo sabe que el Pueblo sencillo y digno de Nicaragua solo quiere vivir y trabajar bajo ese manto de Paz que nunca se debió alterar por el terror de los “Tranques de la Muerte” y, que por un sentido de Bien Común y Paz Social, jamás se deben volver a ver en los caminos de la Patria de Sandino.

Comité Ecuménico Latinoamericano por la Paz en Nicaragua

 

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