La oposición política y la jerarquía Católica a la deriva

Por más que miran, no ven”  (Marcos, 4, 12).

A cinco meses de la asonada golpista en contra del gobierno y pueblo de Nicaragua, se observa una alianza política opositora inorgánica, sin rumbo ni liderazgo ciudadano  y una Conferencia Episcopal que, alejada de su misión evangelizadora, pierde credibilidad ante la ciudadanía por sus complicidades con ideologismos que atentan contra la paz social de populo.

La Iglesia no puede seguir siendo “caja de resonancia” de la estrategia golpista ya fracasada, aunque inventen relatos falsos como el “vamos ganando” y  que pregonan ciertos católicos con poder dentro y fuera de Nicaragua,  pero estos agitadores y promotores de la violencia son percibidos como nocivos y con escasa  credibilidad ante observadores imparciales que monitorean la situación política-eclesial  nicaragüense desde Roma. La Iglesia debe promover siempre el camino de la paz y la reconciliación, alejada de la praxis odiosa de la violencia y el caos.

Muchos analistas dentro y fuera de Nicaragua, se hacen variadas preguntas sobre el rol protagónico que jugó la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) en la fracasada intentona sediciosa que se  desplegó, coordinadamente, en varias ciudades  con inusitada violencia terrorista en abril pasado. Y, a pesar de ese  fracaso, obispos y clérigos persisten en hacer llamados al desorden y el caos desde sus prédicas en que utilizan el mensaje del Evangelio para “convocar” a nuevas acciones violentistas ante una grey –mejor informada-  que ya no quiere ser utilizada para fines ajenos a la genuina misión pastoral y evangelizadora a que todos están llamados en la Iglesia.

Como bien lo saben las delegaciones, observadores y corresponsales extranjeros  que han visitado el país, a Nicaragua vuelve, paulatinamente,  la tranquilidad y la paz social que nunca se debió alterar, más, cuando el “costo” de las acciones violentas de grupos mercenarios han dejado una huella de muerte y dolor en cientos de familias pacíficas que solo se dedican a trabajar para hacer progresar a la nación entera. Sin embargo, los obispos y vicarios diocesanos no reconocen estos avances y, de nuevo, se alinean con los promotores del odio y la violencia.

De nada le sirvió a la ciudadanía que quiere trabajar en paz, que la jerarquía católica estuviera como mediadora y garante del Diálogo Nacional propuesto por el gobierno, los obispos no quisieron ser imparciales y se alinearon como un cuerpo más a la fallida estrategia de exigir e imponer clausulas políticas intolerables para un gobierno institucional. Los obispos, conscientemente,  pasaron a ser la “voz”  de una derecha política extrema que solo perseguía un objetivo; la sedición por la vía del caos generalizado. No querían un diálogo que trajera la normalidad, más bien celebraron la violencia de los tranques y  las barricadas custodiadas por bandas delictuales que día y noche aterrorizaron a la población sin piedad.

Hoy, ante la evidente derrota política, los obispos piden diálogo, tal como lo solicitan algunos organismos internacionales que tampoco han sido imparciales en sus informes finales. Pero, en honor a la verdad, los “opositores autoconvocados” nunca tuvieron la intención de que se restableciera la paz, al contrario, allí están las declaraciones de algunos obispos católicos que llamaban sin eufemismos a salir a la calle a luchar…A mantener las barricadas y tranques, llegando a poner las instalaciones de recintos religiosos a plena disposición de pandillas de violentistas que golpearon, torturaron y asesinaron a personas reconocidas como miembros o simpatizantes del Sandinismo. Algunos prelados y sacerdotes aún persisten en pregonar desde los pulpitos esta verdadera “cultura de la muerte”.

Es notorio e indesmentible ante el mundo que la Conferencia Episcopal perdió un liderazgo político y credibilidad ética no solo ante parte importante de la grey, sino que ante otras instituciones religiosas y humanistas de Latinoamérica y Europa. De nada sirvió el intenso lobby de ciertos líderes religiosos que han salido a “explicar”, sigilosamente y con mano ajena, su visión unilateral de los hechos graves y criminosos que han ocurrido en Nicaragua, como consecuencia de un golpe blando que pretendieron imponer a punta de violencia irracional verificada no solo al alero de las fatídicas barricadas y tranques de la muerte.

En Roma se sabe que hay  líderes religiosos que al amparo de una hábil y bien planificada estrategia desestabilizadora, han desarrollado un intenso lobby ante Organismos Internacionales para mantener una campaña internacional contra todo lo que diga o haga el Gobierno, esa acción concertada no es tener intención de dialogar, es simplemente persistir en un intento de derrocamiento presidencial y esa actitud -tan temeraria como desafiante- es moralmente inaceptable por un Estado Constitucional y un Pueblo que solo quiere una paz estable y duradera para conseguir el anhelado progreso que lleva al bien común.

Comité Ecuménico Latinoamericano por la Paz en Nicaragua

 

 

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