Papa Francisco apoya el Diálogo para la Paz en Nicaragua

Papa Francisco apoya el Diálogo para la Paz en Nicaragua

Con no poca expectación se esperaba lo que dijera el Papa Francisco sobre la situación política de Nicaragua el domingo recién pasado. Más, si consideramos que horas antes había recibido al Cardenal de Managua, don Leopoldo Brenes, en audiencia privada. Se sabe que la conversación fue distendida y, con toda franqueza, se habló de lo que está ocurriendo en un país que el Santo Padre conoce bien y lo considera en sus Oraciones como “el amado pueblo de Nicaragua”.

Fue una grata sorpresa escuchar las palabras del Papa post Ángelus que dicen textualmente: “Renovando mi oración por el amado pueblo de Nicaragua, deseo unirme al esfuerzo que están realizando los obispos de este país  y tantas personas de buena voluntad en su rol de mediación y testigos para el proceso de diálogo nacional en curso, en camino  hacia la democracia”.

Sin duda que estas palabras expresadas por el Pontífice son un fuerte espaldarazo a lo que se viene realizando en el contexto de la Mesa de Diálogo Nacional con el auspicio de la Conferencia Episcopal de Nicaragua y con la participación de diversos estamentos sociales, políticos y gubernamentales. Como primera observación desde la óptica política es que los sectores más extremos de la derecha Nicaragüense quedan bastante inhabilitados ante la solicitud papal: Diálogo para la Paz. Se deduce de esta clara afirmación y solicitud que, por sobre la violencia, la intolerancia, las acciones desestabilizadoras y la tentación de asonadas sediciosas de algunos que piden renuncias a diestra y siniestra, se debe anteponer el Diálogo que garantiza acuerdos políticos que restablezcan la convivencia nacional, los caminos del desarrollo y la paz social que pide y espera la inmensa mayoría ciudadana que no participa en las llamadas “autoconvocatorias”.

A nivel intra ecclesia, es evidente que la posición liderada por los tres obispos más reaccionarios de la Conferencia Episcopal y que ante la prensa nacional e internacional piden sin más la pronta renuncia del Presidente de la República, quedan en contraposición a las reflexiones y recomendaciones explícitas del Santo Padre. En el rol de Mediación –a que están llamados los prelados- quedan simplemente en un nivel ofensivo, sin respaldo político mayoritario y queda al descubierto que están al servicio de una planificación que tiene como aspiración subversiva el intentar derrocar a un  gobierno constitucional. En ningún país del mundo estas tácticas tan irresponsables como temerarias, ajenas a una sana convivencia democrática son tolerables y Nicaragua no puede ser la excepción bajo ninguna circunstancia.

Digamos hoy una palabra desde Gaudium et Spes (n° 76) en el complejo tema de la relación entre la Iglesia y la comunidad política  que establece claramente una distinción entre lo que obran los cristianos individual o asociadamente, como ciudadanos guiados por la conciencia cristiana y lo que se hace a nombre de la Iglesia con sus pastores. La Iglesia -en su misión pastoral- no se confunde con la sociedad civil, ni está ligada a ningún sistema político determinado. La comunidad política y la Iglesia son autónomas e independientes en el propio y genuino campo de cada una. Ambas por razones diversas, están al servicio personal y social de la misma comunidad humana por eso se debe procurar una sana y respetuosa colaboración no impositiva.

Ya es hora de decir las cosas por su nombre. Cada día que pasa es más evidente que la jerarquía de la Iglesia Católica se aleja de su esencia evangélica pastoral al ubicarse -como poder intocable- en sintonía con aquellos sectores que no creen el Diálogo y que, desde hace tiempo, no aceptan los criterios políticos de gobernar en favor del pueblo, para las mayorías desvalidas y no permitir que el Estado sea un mero trampolín al servicio de una minoría privilegiada que opera en forma unilateral el poder del gran capital. Los obispos no deben practicar un radicalismo verbal, este quehacer distractivo de su esencia cristiana no ayuda a la paz.

La Iglesia jerárquica de Nicaragua no puede ser cómplice y promotora de una bien estudiada matriz de violencia para producir terror, desestabilización política y caos económico. Si los obispos siguen en esa senda ideológica ritualista, partidista y unilateral, simple y gravemente se estarán trasformando en precursores de una “cultura de la muerte”, praxis del todo contraria a la esencia misma del Evangelio de Jesús.

Redacción del Centro Gaspar García Laviana – Managua

 

 

 

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